Estudio ARAR.

Habitar: La Confluencia de Espacio, Ser y Tiempo

Habitar

Habitar (RAE)

Del lat. habitāre.

1. tr. Vivir, morar. U. t. c. intr.

Sinónimos: vivir, residir, morar, ocupar, poblar, anidar, asentarse, afincarse, arraigarse, establecerse, domiciliarse, alojarse, aposentarse, convivir, cohabitar, estar.

Antónimos: deshabitar, despoblar.

Habitar más allá del espacio físico

Lo más sencillo es considerar la definición más inmediata de habitar, como la ocupación de un espacio físico. Sin embargo, esta interpretación apenas roza la superficie de su significado completo. Habitar trasciende la simple existencia física en un lugar; implica una vivencia emocional y psicológica, donde nuestros recuerdos, sueños y deseos se entrelazan con el entorno físico. Este concepto refleja la idea de que nuestros hogares son extensiones de nuestras identidades y refugios para nuestras vidas íntimas más allá de la simple construcción.

La arquitectura del habitar

La arquitectura del habitar es un concepto profundamente enraizado en nuestra experiencia vital y existencial. La definición de Habitar va más allá de la mera necesidad física y corporal de ocupar un espacio, habitar se relaciona con organizar y habitar nuestras mentes, nuestros recuerdos, sueños y deseos, conformando una parte esencial de nuestro ser e identidad. Esta noción se extiende por sobre la esencia física de los espacios y abarca un acto simbólico que organiza sutilmente nuestro mundo.

Pallasmaa enfatiza que la arquitectura surge tanto del habitar como de la celebración, implicando una dualidad de orígenes entre lo personal y lo colectivo. El habitar define nuestro domicilio en el mundo, mientras que la celebración, veneración y elevación de actividades sociales, creencias e ideales específicos dan lugar a las instituciones sociales y culturales. Esta dualidad refleja cómo la arquitectura, en su esencia, es un escenario íntimo y único de la vida de cada uno, un lugar donde se condensan los sentimientos de pertenencia, seguridad y significado.

La fusión total de la dimensión arquitectónica de la casa y la dimensión privada y personal de la vida se produce en determinadas ocasiones, como la Villa Mairea de Alvar Aalto, producto de una amistad y una interacción excepcional entre Aalto y Maire Gullichsen.

La arquitectura del habitar es un concepto complejo que va más allá de la mera construcción física. Es una filosofía existencial y metafísica que se manifiesta a través de espacio, materia, gravedad, escala y luz. Estructura nuestro mundo y forma esquemas de experiencia que influyen en nuestra percepción e interacción con el entorno.

El espacio-tiempo en la Experiencia de Habitar

El acto de habitar revela los orígenes ontológicos de la arquitectura, afectando las dimensiones primigenias de la vida en el tiempo y el espacio. Transforma el espacio insustancial en un espacio personal, un lugar, y, en última instancia, en nuestro propio domicilio. Es un intercambio y extensión donde el habitante y el espacio se influyen mutuamente.

El tiempo pasa a ser un componente esencial en la experiencia de habitar. Los lugares que habitamos se vuelven cápsulas del tiempo, conteniendo las historias de nuestras vidas. Este aspecto temporal añade una capa de profundidad a nuestra comprensión del habitar, sugiriendo que los lugares están conformados por los momentos que se viven en ellos.

La reflexión sobre el espacio-tiempo en la experiencia de habitar abre una ventana a una comprensión más profunda de la arquitectura como una disciplina que moldea el tiempo y las experiencias humanas. En este contexto, el acto de habitar trasciende la mera ocupación de un lugar físico; se convierte en un proceso dinámico que integra nuestras vidas con el espacio que nos rodea, creando un diálogo continuo entre el individuo y su entorno.

Slow Space

La concepción de la arquitectura que promueve Pallasmaa en sus libros se centra en la idea de ralentizar nuestra experiencia del mundo. En un entorno acelerado y saturado de estímulos, la arquitectura debería ser un refugio que permite la reflexión y la introspección. Esta lentitud es crucial para preservar la calidad y la significación del espacio que habitamos. No se trata de una mera reducción de velocidad, sino de una invitación a la contemplación y al reconocimiento de los detalles que a menudo se pasan por alto en la vida cotidiana.

La arquitectura como una extensión de nosotros mismos

La arquitectura, en este marco, se convierte en una extensión de nosotros mismos. También refleja y forma nuestras facultades físicas y mentales. Actúa como un lienzo en el que se pintan nuestras memorias, proporcionando marcos y horizontes que enriquecen nuestra experiencia, conocimiento y significado.

Momentos y memorias

El elemento temporal en la experiencia de habitar es fundamental. Los espacios que ocupamos no son meros recipientes estáticos; son entidades vivas que evolucionan y crecen con nosotros. Los lugares adquieren significados a través del tiempo, convirtiéndose en cápsulas que almacenan nuestras historias personales y colectivas. Esta dimensión temporal añade una capa de profundidad y riqueza a la arquitectura, sugiriendo que cada espacio es un palimpsesto de momentos y memorias.

Al contemplar el espacio-tiempo en la experiencia de habitar, se nos invita a reconsiderar el papel de la arquitectura como un arte que nos permite crear entornos que repercutan con nuestras experiencias vitales, que enriquezcan nuestra existencia y nos proporcione un refugio para la reflexión y el crecimiento personal.

Habitar Como Interacción Humana

Habitar implica una interacción continua entre el individuo y el entorno. Esta relación dinámica significa que mientras nosotros influimos en el espacio, el espacio a su vez nos moldea. En este sentido, habitar se convierte en un acto recíproco, donde el espacio y el ser coexisten en un estado de intercambio constante.

El concepto de «Habitar como Interacción Humana», nos lleva a entender el habitar como un acontecimiento y una cualidad mental y experiencial. Esta perspectiva considera el habitar como una exteriorización y extensión del ser, tanto física como mentalmente.

Debe ser entendida la naturaleza dinámica y recíproca de la interacción entre individuo y entorno. Nos aproximamos a los edificios, interactuamos con ellos y, a través de estos encuentros, la arquitectura influye y dirige nuestras acciones, percepciones e ideas. Los edificios, por tanto, no son meros contenedores, sino participantes activos que articulan nuestras relaciones con otras personas e instituciones, materializando y concretizando el orden social, ideológico y mental.

Habitar es, en esencia, un acto de intercambio y extensión: por un lado, el habitante se posiciona en el espacio, y por otro, este espacio se incrusta en la conciencia del habitante, transformando el espacio insustancial en un lugar personal, un hogar.

Este enfoque holístico del habitar resalta la importancia de la arquitectura como una experiencia humana profunda, donde la construcción de espacios es intrínsecamente un acto de construcción de relaciones y significados.

La Psicología del Habitar

Desde una perspectiva psicológica, el acto de habitar va más allá de la mera supervivencia o comodidad. Implica la búsqueda de significado, seguridad y pertenencia. Los espacios que habitamos pueden influir en nuestro bienestar mental y emocional, afectando todo, desde nuestro estado de ánimo hasta nuestra percepción del mundo.

La Psicología del Habitar es una temática profunda y multifacética que se extiende más allá de las necesidades físicas y funcionales, adentrándose en el territorio de la mente y el espíritu. La comprensión de esta temática requiere un enfoque que trascienda la perspectiva tradicional de la arquitectura.

En primer lugar, el habitar es una extensión y exteriorización del ser tanto mental como física. La noción de hogar, por ende, va más allá de sus límites físicos y de su esencia material. Es tanto un acontecimiento y una cualidad mental y experiencial como un escenario material funcional y técnico.

El hogar se convierte en un mediador complejo entre la intimidad y la vida pública. Es el escenario de la memoria personal, donde el espacio propio refuerza la imagen que el habitante tiene de sí mismo, materializando su orden del mundo.

Reflexionar sobre la esencia de la vivienda nos lleva lejos de sus propiedades físicas, introduciéndonos en el territorio psíquico de la mente. Nos enfrentamos a cuestiones de identidad, memoria, lo consciente y lo inconsciente. Esto pone en relieve cómo los aspectos superficiales, como la mera redecoración, son insuficientes para captar la verdadera esencia del habitar.

Los escritores, cineastas y artistas a menudo captan la esencia humana y el significado del habitar de una forma más profunda y sutil que los arquitectos, quienes a veces se centran demasiado en la funcionalidad y estética, olvidando los significados existenciales preconscientes del habitar.

Habitar y la Sostenibilidad

El acto de habitar y la creación de un hogar sostenible trascienden la mera eficiencia energética y uso de recursos, involucrando una profunda integración con el tiempo, el espacio, y las dimensiones psicológicas y emocionales humanas. Esto implica diseñar espacios que nutran el espíritu humano y fomenten una conexión profunda y armoniosa con el entorno natural y entre nosotros mismos.

En el marco de la sostenibilidad, el hogar es entendido como un estado difuso y complejo que integra recuerdos, imágenes, deseos, miedos, pasado y presente. Es un escenario de rituales, ritmos personales y rutinas del día a día, y no puede ser creado instantáneamente como un producto comercializable. Esta comprensión del hogar difiere de los principios tradicionales de la arquitectura, y se estructura alrededor de funciones y objetos domésticos que son centrales para el comportamiento y la simbolización.

Una Visión Integradora del Habitar

La función ética de la arquitectura radica en apoyar la vida y realzar nuestra experiencia existencial, proporcionando un horizonte de significado específico. Esto se traduce en la idea de que un edificio no es un fin en sí mismo, sino un medio para alterar nuestra percepción y experiencia del mundo.

Habitar es un fenómeno complejo y multifacético que va mucho más allá de la mera ocupación de un espacio. Es un acto que abarca la esencia de la experiencia humana, incorporando aspectos físicos, emocionales, psicológicos y temporales. Al comprender y apreciar la profundidad del habitar, podemos comenzar a crear espacios que resuenan con nuestras vidas internas, historias y sueños, convirtiendo cada estructura en un verdadero hogar.

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Referencias:

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.7 en línea]. https://dle.rae.es [2023-12-14].

Imagen Cabecera: Entrevista a Maurice Scheltens & Liesbeth Abbenes. Apartamento Magazine issue 11, Spring/Summer 2013

Imagen Portada: Little Black Cabin – SMITH Architects. Green Magazine

Pallasmaa, Juhani (2018) Esencias. Barcelona: GG

Pallasmaa, Juhani (2021 2a ed.) La mano que piensa. Barcelona: GG

Pallasmaa, Juhani (2021 2a ed.) Los ojos de la piel. Barcelona: GG

Pallasmaa, Juhani (2016 Kindle.) Habitar. Barcelona: GG

Hegel, G.W.F. (1966) Fenomenología del espíritu. México, México D.F.: Fondo de Cultura Económica

Heidegger, M. (2016) Construir, habitar, pensar.

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