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Diseño neuroinclusivo: las guías que tomamos como referencia


En esta nota · 8 secciones
  1. PAS 6463: la guía británica
  2. ASPECTSS: siete criterios para el autismo
  3. HOK: la oficina como un abanico de opciones
  4. AUDE: claridad, control y calma
  5. Lo que tienen en común
  6. Lo que les falta
  7. Cómo las usamos
  8. Para seguir leyendo
Planta isométrica de una oficina ordenada por nivel de estímulo: zonas activas y sociales en rosa cerca de la entrada, zonas tranquilas y de concentración en azul hacia el fondo.
Una oficina ordenada por nivel de estímulo, de lo más activo a lo más tranquilo. Diagrama de AtkinsRéalis, Neuroinclusive Office Design (2024) (se abre en otra pestaña), con los textos traducidos.

Cuando hacemos un diagnóstico de oficina no partimos de cero. Hay guías que ordenan lo que se sabe sobre cómo el espacio afecta a las personas que procesan distinto, y las tomo como referencia. Somos arquitectos, no neurocientíficos: lo que hacemos es llevar al espacio lo que investigan quienes se dedican a esto.

En esta nota cuento cuáles son esas guías, qué pide cada una y qué les falta. Si buscás algo más práctico, qué cambiar en una oficina, lo cuento en Oficinas para personas neurodivergentes.

PAS 6463: la guía británica

PAS 6463 Design for the mind es una guía de la British Standards Institution, el organismo de normas técnicas del Reino Unido. Entró en vigor en octubre de 2022 y la patrocinaron Transport for London, BBC Workplace, la ingeniería Buro Happold y Forbo Flooring. Es la más completa que conozco.

Sirve para edificios y espacios exteriores, de uso público, comercial o de vivienda, y su objetivo es bajar la sobrecarga sensorial. Recorre el proyecto de punta a punta: cómo se arma el encargo, la organización del edificio, la orientación, los espacios exteriores, las instalaciones, la acústica, la luz y los reflejos, las terminaciones, el mobiliario y los lugares tranquilos para recuperarse. Y suma algo que me parece clave: un anexo obligatorio sobre gestión y mantenimiento, porque un edificio bien diseñado puede volverse difícil si se usa mal.

ASPECTSS: siete criterios para el autismo

La arquitecta Magda Mostafa, de la Universidad Americana de El Cairo, publicó en 2014 ASPECTSS, siete criterios para diseñar escuelas para chicos autistas. Partió de un estudio suyo de 2008 en un aula de El Cairo.

Los siete criterios son acústica, secuencia de los espacios, espacio de escape, compartimentación (que cada actividad tenga su lugar), zonas de transición, zonificación sensorial y seguridad. Fueron pensados para escuelas, pero se traducen bien a una oficina: un recorrido que siga el orden del día, rincones para bajar y zonas separadas según cuánto estímulo tienen. Los conté con más detalle en Arquitectura, autismo y altas capacidades.

HOK: la oficina como un abanico de opciones

En 2019, el área de espacios de trabajo del estudio de arquitectura HOK, que dirigía Kay Sargent, publicó Designing a Neurodiverse Workplace. Estima que entre el 15 y el 20 % de las personas son neurodivergentes y plantea una idea que comparto: la mejor forma de diseñar para la diversidad es dar opciones.

Primero pide ordenar bien el espacio, porque ese orden es lo que da sentido a todo lo demás. Después propone dar a elegir en cinco cosas: el carácter de cada lugar, la acústica, la temperatura, la luz y el nivel de estímulo. Y baja a recomendaciones muy concretas, como poder reservar una sala para una tarea que pide concentración o tapar los aparatos que titilan.

Seis tipos de espacio de trabajo dibujados en isometría: cabina de privacidad, puestos de concentración con paneles, refugios de descanso, escritorios para moverse, mesa de colaboración y zona social.
Seis tipos de lugar para elegir según la tarea y el día. Diagrama de AtkinsRéalis (2024) (se abre en otra pestaña), con los textos traducidos.

AUDE: claridad, control y calma

En 2025, la asociación de directores de infraestructura de las universidades británicas, AUDE, publicó una guía de diseño y gestión para la neurodiversidad en los campus. La resume en tres palabras que me gustan mucho: claridad, control y calma.

Claridad, para que los espacios sean lógicos y fáciles de recorrer. Control, para que cada persona pueda ajustar su entorno o elegir otro lugar según lo que tenga que hacer. Calma, para tener dónde retirarse cuando hay demasiado estímulo. Pide, entre otras cosas, señalización clara, lugares para descansar a lo largo de los recorridos, salas silenciosas y fachadas que no encandilen ni generen reflejos.

Hay otras guías útiles, sobre todo para oficinas: la del British Council for Offices (2022) y la de la ingeniería AtkinsRéalis (2024), de donde salen los diagramas de esta nota. Y para la acústica de las oficinas abiertas existe una norma técnica, ISO 22955 (2021), que fija valores según el tipo de actividad.

Lo que tienen en común

Leídas juntas, las guías dicen casi lo mismo:

  • Dar a elegir. Distintos lugares para distintas tareas y estados de ánimo, porque nadie necesita lo mismo todo el día.
  • Bajar el ruido de fondo. Buena acústica, luz que no titile ni encandile, sin olores fuertes, temperatura estable.
  • Que el lugar se entienda solo. Un orden claro, recorridos previsibles y una buena señalización.
  • Transiciones y un lugar para bajar. Pasar de lo ruidoso a lo tranquilo de a poco, y tener siempre dónde retirarse.
  • Gestión, además de diseño. Reglas de uso, mantenimiento y, sobre todo, preguntarles a quienes trabajan ahí.

Lo que les falta

La primera falta es la evidencia. Mucho de lo que piden sale del consenso entre especialistas y de estudios chicos. Una revisión de 2025 sobre luz, color y autismo encontró que lo único que aparece de forma clara y repetida como un problema son los tubos fluorescentes. El resto todavía se está estudiando. Eso no invalida las guías, pero obliga a usarlas con criterio y sin prometer resultados.

La segunda es el lugar. Casi todas son del Reino Unido o de Estados Unidos, con otro clima, otras normas y otros presupuestos. No conozco una guía uruguaya sobre esto, así que las adaptamos a nuestras oficinas, a nuestra luz y a lo que cada empresa puede hacer.

Y la tercera, la más importante: ninguna guía conoce a tu equipo. Sirven para hacer mejores preguntas, pero las respuestas las tienen las personas que usan el espacio todos los días.

Cómo las usamos

En el diagnóstico de oficina las tomamos como referencia para mirar el lugar. Visitamos la oficina en distintos momentos del día, hacemos una encuesta anónima al equipo (sin pedir diagnósticos ni datos de salud) y contrastamos lo que vemos con lo que piden estas guías. Con eso armamos un informe con lo que funciona, lo que cansa y qué cambiar primero, ordenado de lo más simple a lo que necesita obra.


Para seguir leyendo

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Gracias por acompañarme en este proyecto.

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