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Construir para la eternidad


En esta nota · 5 secciones
  1. Los edificios casi nunca se caen
  2. Por qué digo que es una falla ética
  3. El Castelvecchio de Verona
  4. Qué se puede hacer desde el proyecto
  5. Para seguir leyendo
Vista desde arriba del Castelvecchio: pasarelas de acero y madera, una escalera de hormigón, una campana en el suelo y la estatua ecuestre de Cangrande sobre un soporte de hormigón.
Museo de Castelvecchio, en Verona: el vacío donde Carlo Scarpa ubicó la estatua de Cangrande, entre las pasarelas que unen las partes del castillo.

¿Cuánto tiene que durar un edificio? Es una de las preguntas más importantes de mi oficio, y casi nunca se hace en voz alta.

Mi respuesta es simple. Darle una vida útil corta a una construcción grande, o a una que después no se pueda usar para otra cosa, me parece una falla ética. De quien la proyecta y también de quien la encarga. Y vale para cualquier construcción, no solo para una casa.

Los edificios casi nunca se caen

Las normas europeas de estructuras, los Eurocódigos, piden calcular un edificio común para que dure 50 años, y uno monumental, para 100. Pero eso es lo que la estructura aguanta. Lo que pasa en la realidad es otra cosa.

En 2004, Jennifer O’Connor estudió 227 edificios demolidos en Minneapolis y Saint Paul, en Estados Unidos. Solo 8 se tiraron por un problema de la estructura o de los materiales. El resto se tiró porque el terreno valía más sin ellos, porque ya no servían para lo que se necesitaba o porque no se los había mantenido. La mayoría de los de hormigón y de acero tenía menos de 50 años.

O sea: los edificios casi nunca se caen. Se tiran cuando dejan de servir. Y cada uno que se tira antes de tiempo se lleva todo lo que costó hacerlo. Según el último informe de las Naciones Unidas sobre el sector, de 2026, la construcción y el uso de los edificios generan el 37 % de las emisiones del mundo y casi la mitad de los materiales que se extraen.

Por qué digo que es una falla ética

Un edificio grande es una apuesta enorme de recursos: material, energía, trabajo, ciudad. Si se diseña para hacer una sola cosa, se muere con esa cosa. Pienso en un estacionamiento con losas en rampa y techos bajos, en una nave sin luz natural, en un edificio de oficinas con plantas tan profundas que nadie podría vivir ahí. Cuando cambia la necesidad, no queda otra que tirarlo.

Quien proyecta sabe, o debería saber, que las necesidades cambian. Quien encarga muchas veces piensa en los próximos diez años, porque es lo que puede calcular. Por eso la responsabilidad es de los dos: uno tiene que plantear la pregunta y el otro, escucharla.

El Castelvecchio de Verona

El mejor ejemplo que conozco de un edificio que supo durar es el Castelvecchio, en Verona. Lo mandó construir Cangrande II della Scala entre 1354 y 1356, como fortaleza y residencia de su familia. Después fue cuartel, arsenal, depósito de pólvora y cárcel. Entre 1802 y 1805, las tropas de Napoleón levantaron un cuartel nuevo en dos lados del patio, y los austríacos lo siguieron usando así hasta 1866.

Entre 1923 y 1926 se convirtió en museo. Ferdinando Forlati y Antonio Avena lo «restauraron» con criterio de época: le pusieron ventanas góticas al cuartel napoleónico y lo transformaron en un palacio medieval que nunca existió. En 1945 los bombardeos dañaron una de sus alas y los alemanes, al retirarse, volaron el puente.

En 1956 llegó Carlo Scarpa, convocado por el director de los museos de la ciudad, Licisco Magagnato. Trabajó ahí casi veinte años; lo principal estuvo listo en 1964. No intentó volver a un original, que ya no existía, ni borrar lo que encontró. Hizo que cada época se pudiera leer.

  • Separó lo viejo de lo nuevo con cortes y pausas. Lo que agregó (pasarelas, escaleras, pisos, soportes) es de acero, hormigón, madera y piedra de Prun, y se reconoce como de su tiempo.
  • Sacó los frescos falsos de los años veinte y dejó las paredes con un revoque sobrio.
  • Demolió el último tramo del cuartel napoleónico. En ese vacío, donde se encuentran las partes de distintas épocas, puso la estatua ecuestre de Cangrande I sobre un soporte de hormigón, rodeada de pasarelas desde donde se la ve.
  • Puso la entrada del museo fuera del eje de la fachada que se había armado en los años veinte.

Hay un detalle que me encanta. Las dos piletas poco profundas que acompañan el camino de entrada se le ocurrieron durante la obra, cuando vio dos charcos que se habían formado sobre unos nailons en el patio.

Entrada del Castelvecchio: un arco gótico con puerta de madera y, delante, un tabique de hormigón con marco de acero que lo separa del patio.
Lo nuevo de Scarpa, en hormigón y acero, frente a un arco gótico.

El castillo tiene más de 670 años y al menos tres vidas: fortaleza y residencia, cuartel y arsenal, museo. Duró porque sus muros y sus salas admitieron usos que nadie había previsto, y porque cada generación lo transformó en lugar de tirarlo.

Qué se puede hacer desde el proyecto

Nadie construye para la eternidad. Pero se puede proyectar para que la próxima generación tenga algo que transformar y no algo que demoler:

  • Una estructura generosa y simple. Luces amplias, pocos muros que carguen y alturas de piso que permitan otros usos. Una planta que hoy es oficina mañana puede ser vivienda si tiene altura y luz.
  • Separar lo que dura de lo que cambia. La estructura puede durar siglos; las instalaciones, unas décadas; los tabiques y las terminaciones, menos. Stewart Brand lo explicó muy bien en How Buildings Learn: si están mezclados, cambiar lo de menos obliga a romper lo de más.
  • Instalaciones a mano. Que se puedan revisar y cambiar sin romper paredes ni pisos.
  • Materiales que envejezcan bien y que se puedan reparar.
  • Pensar en desarmar. Que lo que un día se saque pueda volver a usarse.

Y una pregunta para cada encargo, la hagamos nosotros o quien nos contrata: ¿qué va a ser este edificio cuando ya no sirva para lo que lo estamos haciendo?

Scarpa no construyó el Castelvecchio: le dio una vida más. Me gustaría que lo que proyectamos hoy le deje a alguien, dentro de cien años, la posibilidad de hacer lo mismo.


Para seguir leyendo

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