El tiempo es oro
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Hoy, el tiempo libre es uno de los bienes más escasos. El ritmo del trabajo, de la familia y de la vida social lo convirtió en un lujo. La arquitectura puede ayudar: al organizar los espacios, también influye en cómo usamos y vivimos el tiempo de cada día. ¿Puede un buen diseño devolvernos una parte?
Me interesa pensar cómo la arquitectura de hoy puede ayudarnos a ganar tiempo y a vivir mejor en los espacios que diseñamos.
El espacio ordena el tiempo
El filósofo y sociólogo francés Henri Lefebvre sostenía, en La producción del espacio (1974), que el espacio es una construcción social: refleja y moldea nuestras relaciones y nuestras experiencias, también la del tiempo. El espacio no es neutral. Afecta cómo nos movemos, cómo nos encontramos y cómo organizamos el día.
Una casa mal distribuida genera roces en las rutinas: más pasos, más esfuerzo, más tiempo para lo mismo, y eso frustra. Pasa igual en una oficina. En cambio, hay decisiones chicas que ahorran tiempo todos los días: una entrada con un banco y percheros para dejar los zapatos y los abrigos, un baño con lugar para guardar, una cocina abierta que deja cocinar sin quedar aislado. Ese tiempo queda libre para lo importante, como compartirlo con quienes viven con nosotros.

En la ciudad también. Un espacio público con verde y lugares para sentarse, como la High Line de Nueva York, invita a bajar el ritmo y hace que el tiempo parezca pasar más despacio. Aunque, como conté en Espacios de afecto 02, no todos sus vecinos lo viven así.
La percepción del tiempo
La neuroarquitectura estudia cómo los entornos influyen en el cerebro y, con eso, en cómo vivimos el tiempo. Un ejemplo: en una serie de estudios publicada en 2017, Mariya Davydenko y Johanna Peetz encontraron que la gente estimaba más largos los mismos minutos cuando miraba o caminaba por la naturaleza que cuando lo hacía por la ciudad. En la naturaleza, el tiempo parece rendir más.
El diseño biofílico, que lleva la naturaleza adentro y afuera de los edificios, también se asocia con menos estrés. Un estudio de Bum-Jin Park y su equipo (2010), en 24 bosques de Japón, encontró que después de caminar por el bosque el cortisol en saliva, una hormona ligada al estrés, era entre un 13 y un 16 % más bajo que después de caminar por la ciudad. El urbanista Timothy Beatley, en Biophilic Cities (2011), propone justamente eso: llevar la naturaleza a la vida diaria de la ciudad, con patios, jardines y techos verdes.

En The Edge, un edificio de oficinas en Ámsterdam, PLP Architecture organizó todo alrededor de un atrio de 15 pisos que abre el edificio a la ciudad y funciona como su corazón social. Y en otra escala, la Casa Fisher de Louis Kahn, con su asiento junto a la ventana y la chimenea de piedra, invita a sentarse a mirar los árboles y a dejar que el tiempo pase más lento. Escribí sobre ella en Diseñar para quedarse.
Espacios que se adaptan
El diseño también tiene que acompañar los cambios de la vida. El arquitecto John Habraken propuso, en Soportes (1961), separar una estructura fija de un relleno que quienes habitan puedan cambiar con el tiempo, sin grandes obras. La idea cobró más sentido después de la pandemia, cuando muchas casas tuvieron que sumar un lugar para trabajar o para estudiar a distancia.
Los espacios que pasan con facilidad de trabajo a descanso, o los muebles que se reacomodan según la hora del día, ayudan a aprovechar mejor el tiempo y a bajar el estrés de todos los días.
El tiempo como nuevo lujo
Quizá el lujo de hoy se mida menos en terminaciones caras y más en tiempo de calidad. El sociólogo Richard Sennett, en La corrosión del carácter (1998), mostró cómo el trabajo flexible y de corto plazo nos quita la posibilidad de armar una historia propia en el tiempo. La arquitectura puede compensar algo de eso con lugares que nos acerquen a otros y a la naturaleza: plazas y terceros lugares, jardines, casas pensadas para encontrarse. Refugios donde el tiempo se viva más despacio.
Algunos ejemplos

Algunos proyectos que hacen lugar a la pausa:
- Las oficinas de Second Home en Hollywood (2019), de Selgascano, donde se trabaja en un patio entre árboles.
- La POP-UP House (2021), de FIGR, en Essendon, Australia, con un patio interior con un árbol al que se abren los ambientes.
- La Residencia Greenary, de mi estimado Carlo Ratti, en Parma, Italia, organizada alrededor de un árbol de 10 metros en el centro de la casa.
- La clínica dental Nha Khoa Nu Cuoi Viet (2019), de BHA Studio, cerca de Hue, Vietnam, que se abre con árboles y vacíos en lugar de encerrarse como suelen hacerlo los edificios de salud.


Las terrazas verdes, los patios interiores o los ambientes con luz natural, además de ser lindos, invitan a descansar y a desconectar. Ayudan a bajar el estrés y a concentrarse, y nos dejan más tiempo para nosotros y para quienes queremos.

La arquitectura como refugio del tiempo
La arquitectura puede devolvernos parte de algo muy valioso: el tiempo. Con un diseño que piense en lo funcional, lo flexible y el bienestar, podemos crear espacios que ordenen las rutinas y nos dejen vivir con más equilibrio. Si el tiempo es escaso, la arquitectura tiene que ayudar a recuperarlo.

¿Cómo podemos transformar nuestros espacios para recuperar y disfrutar el tiempo que realmente importa? El desafío para quienes diseñamos es crear lugares donde el tiempo acompañe lo que necesitamos. Es hora de repensar cómo habitamos, para que la arquitectura nos ayude a reducir el tiempo que nos llevan las tareas y podamos pasar más tiempo con quienes queremos o en lo que de verdad nos hace bien.
Para seguir leyendo
- Beatley, T. (2011). Biophilic Cities. Island Press.
- Davydenko, M. y Peetz, J. (2017). “Time grows on trees: The effect of nature settings on time perception”. Journal of Environmental Psychology, 54, 20-26. (se abre en otra pestaña)
- Habraken, N. J. (1961). De dragers en de mensen. (En español: Soportes: una alternativa al alojamiento de masas).
- Lefebvre, H. (1974). La producción del espacio. Capitán Swing. (se abre en otra pestaña)
- Park, B. J. y otros (2010). “The physiological effects of Shinrin-yoku (taking in the forest atmosphere or forest bathing): evidence from field experiments in 24 forests across Japan”. Environmental Health and Preventive Medicine, 15(1), 18-26. (se abre en otra pestaña) Citado en Terrapin Bright Green (2012), The Economics of Biophilia (se abre en otra pestaña).
- Sennett, R. (1998). The Corrosion of Character. (En español: La corrosión del carácter, Anagrama).
- Proyectos en ArchDaily: Second Home Hollywood (se abre en otra pestaña), POP-UP House (se abre en otra pestaña), Residencia Greenary (se abre en otra pestaña), Nha Khoa Nu Cuoi Viet (se abre en otra pestaña), The Edge (se abre en otra pestaña) y El efecto High Line (se abre en otra pestaña).
- Madera y Construcción. Casa Fisher de Louis Kahn. (se abre en otra pestaña)
El arte de habitar lo que somos
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Gracias por acompañarme en este proyecto.
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