Arquitectura, autismo y altas capacidades
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De grande fui entendiendo muchas cosas que me pasaban y no sabía por qué. Cuando comprendí por qué me sentía así en muchos lugares, me di cuenta de que no solo importaba lo que pasaba en mi cuerpo o en mi cabeza, sino cómo eso se relacionaba con el entorno. Y de que la arquitectura que nos rodea pesa en el bienestar mucho más de lo que se intuye a primera vista.
Siempre tuve una mirada humana de la arquitectura. Me agarré sobre todo de arquitectos que la piensan desde las personas y desde la experiencia, como Alvar Aalto o Juhani Pallasmaa. Pero entender eso me mostró que la arquitectura puede ir más allá de lo básico, y que diseñar para las personas neurodivergentes también ayuda a las neurotípicas.
Esta nota es para las familias de chicos y chicas autistas con altas capacidades: qué se puede hacer en la casa y qué buscar en la escuela. Casi todo sirve también para adultos. Si lo que te interesa es el lugar de trabajo, lo cuento en Oficinas para personas neurodivergentes.
Doble excepcionalidad
Cuando una persona tiene altas capacidades intelectuales y, además, es autista, se habla de doble excepcionalidad (2e). Bea Sánchez lo explica muy bien en su tabla periódica de las excepcionalidades (se abre en otra pestaña). Cada combinación es distinta, y cada persona también.
En el día a día, lo que más pesa suele ser lo sensorial. Muchas personas autistas sienten el ruido, la luz o las texturas con más intensidad que el resto; otras, con menos; algunas buscan estímulos. Lo conté en Arquitectura para cerebros intensos. Una casa o una escuela pueden sumar a esa carga o ayudar a bajarla.
En casa
Un lugar para bajar. Magda Mostafa, arquitecta y profesora en la Universidad Americana de El Cairo, que investiga el diseño para el autismo desde 2002, lo llama espacio de escape: un rincón chico, tranquilo y un poco cerrado, con pocos estímulos, que cada uno pueda acomodar a su gusto. En una casa puede ser un nicho con almohadones, una carpa en el cuarto o un sillón en un rincón sin paso. Lo importante es que esté siempre disponible y que nadie lo vea como un castigo.

El sonido. Puertas que cierren bien, alfombras, cortinas gruesas y materiales que absorban el eco ayudan mucho. En un apartamento, buenas aberturas bajan el ruido de la calle y de los vecinos.
La luz. Luz natural, cortinas para regularla y luces que se puedan graduar. Conviene evitar los tubos fluorescentes: una revisión de estudios de 2025 encontró que son lo único que aparece de forma clara y repetida como un problema para las personas autistas. Y también las luces LED que parpadean: mejor elegir luminarias sin parpadeo (anti-flicker) y que no encandilen, con un índice de deslumbramiento (UGR) de 19 o menos, o de 16 o menos donde se lee o se dibuja mucho.
El color. Una base calma, con tonos apagados, y el color fuerte en lugares puntuales. En un estudio con varones autistas de 4 a 17 años, Grandgeorge y Masataka vieron que preferían menos el amarillo y más el verde y el marrón que otros chicos de su edad. Pero cada persona es distinta: lo mejor es preguntarle.
El orden. Un lugar para cada cosa, muebles con puertas para que no haya tanto ruido visual y recorridos simples ayudan a saber dónde está todo y a anticipar lo que viene.
Un lugar para lo que le apasiona. Con altas capacidades, muchas veces hay un tema que atrapa durante horas: los libros, el dibujo, la programación, armar cosas. Un rincón propio para eso, bien iluminado y tranquilo, vale tanto como el rincón para bajar.
Pasar de un lugar a otro. Mostafa también habla de zonas de transición: que pasar de un ambiente con mucho estímulo a uno tranquilo no sea un salto brusco. En una casa, la entrada o un pasillo pueden cumplir ese papel, como un lugar para dejar la mochila y el ruido de afuera.
Y lo más importante: preguntarle a quien va a vivir ahí qué le molesta y qué le hace bien. Nadie lo sabe mejor.
En la escuela
En 2008, Magda Mostafa publicó un estudio hecho en una escuela de El Cairo. Mejoró la acústica de un aula y, en doce semanas, la atención de los chicos que la usaban pasó de 44 a 142,5 segundos (en la mediana), y el tiempo que tardaban en responder bajó de 25,5 a 7 segundos. Es un estudio chico, que nadie repitió, pero marca un camino.
Con los años armó ASPECTSS, siete criterios para diseñar escuelas: acústica, secuencia de los espacios, espacio de escape, compartimentación, zonas de transición, zonificación sensorial y seguridad. A una familia le sirven como lista para mirar una escuela:
- ¿Las aulas tienen tratamiento acústico, o hay eco?
- ¿Hay un rincón tranquilo dentro del aula o cerca, al que se pueda ir cuando hace falta?
- ¿Cada actividad tiene su lugar, con límites claros?
- ¿Hay un paso intermedio entre lo ruidoso, como el patio o el comedor, y lo tranquilo?
- ¿La luz es natural y se puede regular, o hay tubos fluorescentes, luces que parpadean o que encandilan?
- ¿Es un lugar seguro para moverse?
Un ejemplo que me gusta es la Quad Preparatory School, en Nueva York, una escuela para estudiantes con doble excepcionalidad. En la sede de los más chicos (2016), el estudio Verona Carpenter Architects dividió salones grandes con paneles que absorben el sonido y tabiques móviles hechos con muebles, sin tocar las instalaciones del edificio. En la de los más grandes (2019), convirtieron varios pisos de un edificio de oficinas en aulas flexibles, donde estudiantes y docentes pueden elegir el nivel de estímulo.
El patio también cuenta. Una revisión de 2023 que reunió 24 estudios con 717 chicos autistas encontró que las actividades en la naturaleza se asociaban, en el corto plazo, con mejoras en la comunicación, menos hiperactividad e irritabilidad y mejor atención. Los autores piden estudios más sólidos, pero ya es una buena razón para que el aula tenga salida a un patio con árboles. En Alfreton Park, una escuela especial en Derbyshire (Reino Unido), cada aula sale directo al patio y mira al campo.

Afuera
La ciudad suma estímulos que nadie elige. Por eso me alegró ver que en abril de 2025 los supermercados de GDN (TaTa, BAS, Multi Ahorro Hogar y San Roque) hicieron una nueva edición de la «Hora del Silencio» en todos sus locales del país: luces bajas, sin anuncios por parlantes y con las pantallas apagadas. Son gestos chicos que le cambian el día a una familia.
Lugares que le hacen bien a todos
Una casa o una escuela pensada así no se ve rara. Se ve tranquila, ordenada y con lugares para elegir. Y, como decía al principio, le hace bien a todos: a quien necesita bajar un rato, a quien estudia al lado y a quien llega cansado del trabajo.
Para seguir leyendo
- Fan, M. S. N. et al. (2023). “Nature-Based Interventions for Autistic Children: A Systematic Review and Meta-Analysis”. JAMA Network Open, 6(12), e2346715. (se abre en otra pestaña)
- Grandgeorge, M. y Masataka, N. (2016). “Atypical Color Preference in Children with Autism Spectrum Disorder”. Frontiers in Psychology, 7, 1976. (se abre en otra pestaña)
- Montevideo Portal (1 de abril de 2025). “GDN UY promueve espacios amigables por el Día Mundial del Autismo”. (se abre en otra pestaña)
- Mostafa, M. (2008). “An architecture for autism: concepts of design intervention for the autistic user”. Archnet-IJAR, 2(1), 189–211. (se abre en otra pestaña)
- Mostafa, M. (2014). “Architecture for Autism: Autism ASPECTSS in School Design”. Archnet-IJAR, 8(1), 143–158. (se abre en otra pestaña)
- Sánchez, B. (2024). “Tabla periódica de las excepcionalidades 2e, 3e y ME”. (se abre en otra pestaña)
- Verona Carpenter Architects. “Quad Preparatory School”. (se abre en otra pestaña)
- Zaikina, V. et al. (2025). “Systematic Literature Review: Indoor Lighting and Color Effects on Persons With ASD”. HERD, 19(1), 224–236. (se abre en otra pestaña)
El arte de habitar lo que somos
Si esta lectura te gustó, quizá también te interese El arte de habitar lo que somos, mi libro sobre cómo la arquitectura, la psicología y la vida cotidiana se entrelazan en lo más humano: nuestro bienestar. Está disponible en Amazon (se abre en otra pestaña) en formato digital y físico, y en Uruguay podés conseguirlo por Mercado Libre (se abre en otra pestaña).
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