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Wabi-sabi: la belleza de lo simple e imperfecto


En esta nota · 5 secciones
  1. Qué quiere decir
  2. Materiales
  3. Ideas para llevarlo a tu casa
  4. Para cerrar
  5. Para seguir leyendo
Vasija de cerámica de Kazunori Hamana vista desde arriba: el interior está atravesado por grietas marcadas con líneas negras.
Vasija de Kazunori Hamana

Wabi-sabi (侘寂) es una idea japonesa sobre la belleza de lo simple, lo imperfecto y lo que pasa. Nació ligada a la ceremonia del té, sobre todo con Sen no Rikyū en el siglo XVI, y con el tiempo llegó a la cerámica, la arquitectura, los interiores y la forma de vivir.

Uno de los libros que más la difundieron fuera de Japón es el de Leonard Koren, de 1994. Ahí la define como «la belleza de las cosas imperfectas, impermanentes e incompletas».

La vasija de la foto es de Kazunori Hamana, un ceramista japonés que aprendió solo y trabaja en un pueblo de pescadores de Chiba. Hace vasijas grandes a mano y, después de cocerlas, las deja al aire libre, cerca del mar. Las grietas quedan a la vista.

Qué quiere decir

Son dos palabras. Wabi habla de la belleza de lo sencillo y lo humilde, de vivir con poco y con calma. Sabi habla de lo que deja el paso del tiempo: la pátina, el desgaste, lo que envejece bien. Juntas describen una forma de vivir, y también de proyectar, que prefiere lo simple y auténtico a lo sofisticado y lujoso.

A veces se lo confunde con el minimalismo, pero parte de otro lugar. Los dos buscan lo justo y necesario; el wabi-sabi, además, acepta lo gastado, lo irregular y lo hecho a mano. En lugar de espacios perfectos, propone lugares cálidos, que se sientan naturales y vividos. Sobre su diferencia con lo shibui escribí en Komorebi, shibui y yūgen.

Materiales

En la arquitectura y los interiores wabi-sabi se buscan materiales naturales, como la madera, la piedra, el barro o el bambú, en tonos suaves y cálidos, y se dejan ver sus vetas, sus marcas y su envejecimiento. Pocos adornos y mucha atención al equilibrio.

Los materiales no tienen por qué ser los de Japón. Elegir con sencillez los materiales y las técnicas lleva, casi solo, a usar lo que hay cerca. Y creo que el wabi también tiene que estar en la obra: un proceso constructivo más humano, con tiempo y oficio, es parte del resultado. La armonía no debería quedarse en el espacio terminado; también tiene que estar en cómo se construye.

Ideas para llevarlo a tu casa

  • Materiales naturales. Madera, piedra, lino, cerámica: dan calidez y envejecen bien.
  • Pocos objetos, con historia. Adornos elegidos porque cuentan algo, y muebles con personalidad, heredados o hechos a mano, en lugar de lo genérico.
  • Colores suaves. Tonos cálidos y apagados, que hagan el ambiente tranquilo.
  • Naturaleza adentro. Plantas, ramas, flores, piedras.
  • La imperfección como parte del diseño. Dejar las marcas de la madera, una grieta, el desgaste de un piso. En Japón está el kintsugi, que repara la cerámica rota dejando ver la reparación, muchas veces con laca y oro.
  • Luz natural. Su color y sus cambios a lo largo del día ya hablan de lo simple y lo equilibrado. Escribí sobre eso en La penumbra.

Para cerrar

El wabi-sabi propone algo simple: aceptar que las cosas, como nosotros, cambian, se gastan y no son perfectas, y encontrar ahí su belleza. En una casa, eso se traduce en lugares cálidos y en armonía, que mejoran con el uso. Lo conté para el afuera en El jardín imperfecto, y en su cruce con el diseño nórdico en Japandi y hygge.


Para seguir leyendo

  • Koren, L. (1994). Wabi-Sabi for Artists, Designers, Poets & Philosophers. Stone Bridge Press.

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