Japandi y hygge: qué son y cómo llevarlos a una casa en Uruguay
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No me gustan mucho las etiquetas. Cada casa tiene que parecerse a quienes la habitan, y eso no entra en un nombre. Pero conocer algunos estilos ayuda a ponerle palabras a lo que uno busca, y mucha gente llega al estudio con fotos guardadas que dicen «japandi» o «hygge».
De estos dos me interesa lo mismo: la calidez y la sencillez que transmiten. En esta nota cuento qué es cada uno, en qué se parecen y cómo llevarlos a una casa en Uruguay, con nuestra luz, nuestro clima y nuestra madera.
Qué es el japandi
Japandi es una palabra inventada en inglés: junta Japan (Japón) y Scandi (escandinavo). Empezó a circular alrededor de 2016, pero la mezcla es mucho más vieja: hace décadas que la cerámica, la arquitectura y los muebles daneses miran a Japón.
De lo japonés toma el vacío, el orden y los muebles bajos. De lo escandinavo, la madera clara, la comodidad y lo práctico. El resultado son ambientes con pocas cosas, colores neutros (blanco, beige, gris, algún negro), materiales naturales y mucha luz. Detrás está la idea del wabi-sabi: lo simple, lo gastado y lo imperfecto también son bellos.
Un buen ejemplo es Kinuta Terrace, en Tokio: dos departamentos de un edificio de los años ochenta que reformaron juntos el estudio japonés de Keiji Ashizawa y el danés Norm Architects. Madera, paredes de hormigón, cortinas que filtran la luz y un patio con árboles que se ve desde casi todos los ambientes. De ese trabajo salió además una serie de muebles de madera, hecha por Karimoku, un fabricante japonés.
Qué es el hygge
Hygge es una palabra danesa y noruega. En danés aparece por escrito desde el siglo XIX y nombra una sensación: estar a gusto, abrigado y en buena compañía. El diccionario Collins la define como crear ambientes acogedores y cálidos, que invitan a estar juntos y hacen bien. En 2016 se puso de moda en todo el mundo, con libros como The Little Book of Hygge, de Meik Wiking, fundador del Instituto de Investigación de la Felicidad de Copenhague, y ese año Collins la eligió entre sus diez palabras del año.
En la casa, el hygge es la luz baja y cálida de las velas y las lámparas, las mantas de lana, la madera, una mesa donde entran todos y un rincón para leer. Tiene mucho que ver con el clima: en Copenhague, en pleno invierno, el sol dura unas siete horas. Con tanta oscuridad, la casa se vuelve el lugar donde uno se refugia.

En qué se parecen y en qué no
Los dos buscan casas simples, con materiales naturales y colores calmos, donde se viva bien con poco. La diferencia está en el acento. El japandi pone primero el orden y el vacío; el hygge, el abrigo y la compañía. Uno es más despejado; el otro, más mullido.
Por eso se combinan bien. Una base japandi, ordenada y con pocas cosas, se vuelve más cálida con algunas texturas y una luz que invite a quedarse.
Cómo llevarlos a una casa en Uruguay
Las fotos que circulan son de Tokio o de Copenhague, y acá la luz y el clima son otros. Antes de copiar un estilo, conviene mirar dónde estamos.
La luz
Montevideo está casi a la misma latitud que Tokio, unos 35 grados, una al sur del ecuador y la otra al norte. Copenhague está mucho más arriba, a 55. En pleno invierno tenemos casi diez horas de sol, y en verano el sol es fuerte y dura mucho. Por eso, en la luz, nos sirve más lo japonés que lo danés: aleros, galerías y cortinas livianas que filtran el sol. Es la luz que se cuela entre las hojas, el komorebi del que hablé en otra nota.

Del hygge me quedo con la luz de la noche: varias lámparas bajas y cálidas en lugar de una sola luz fuerte en el techo, y luces que se puedan graduar.
El clima
Montevideo y Tokio también tienen el mismo tipo de clima: templado y húmedo, con veranos calurosos. Nuestro invierno es más corto que el danés, pero húmedo, y en muchas casas el frío se siente adentro. Ahí el hygge tiene mucho para enseñar. Primero, una casa bien aislada y sin humedad. Después, lo demás: alfombras y mantas de lana, que en Uruguay no falta, cortinas gruesas para la noche, una estufa a leña o un rincón al sol para las tardes de invierno.
La madera
Los dos estilos usan mucha madera clara: roble, fresno, haya. Acá no hace falta traerla de afuera. El monte nativo está protegido: la Ley Forestal de 1987 prohíbe cortarlo, salvo excepciones. La madera que se produce en el país viene sobre todo de plantaciones de eucalipto y pino. Bien elegida y bien terminada, sirve para pisos, revestimientos y muebles, y da la misma calidez.
Con lo demás pasa lo mismo: la cerámica, el lino, el mimbre y la lana se consiguen acá, muchas veces hechos por artesanos uruguayos.
Lo que importa
Japandi, hygge o cualquier otro nombre sirven para empezar una conversación. Después, lo que importa es que la casa se parezca a quienes la habitan: a su forma de vivir, a sus cosas y a sus ritmos. Si de estos estilos te llevás la calidez y la sencillez, ya tenés mucho.
Para seguir leyendo
- Ley N.º 15.939, Ley Forestal (1987), artículo 24. IMPO. (se abre en otra pestaña)
- Norm Architects. “Kinuta Terrace”. (se abre en otra pestaña)
- Norm Architects. “Village School House”. (se abre en otra pestaña)
- Wiking, M. (2016). The Little Book of Hygge. Penguin.
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