Estudio ARAR.

La cocina positivista vs la cocina existencialista en la arquitectura

En esta tercera entrega que relaciona a la comida con la arquitectura voy a tener como referencia a dos de mis lecturas para este verano fueron “La cabaña de Heidegger: un lugar para pensar” de Adam Sharr y “La buena vida: Visita guiada a las casas de la modernidad” de Iñaki Ábalos. El título del primer libro peca por no sugerir de que va a hablar y su compra es clara si es Heidegger quien nos genera curiosidad.

Sin embargo, el título de Iñaki Ábalos nos da una perspectiva más amplia de lo que puede suceder entre sus hojas. Ábalos va realizando un paralelismo entre las diferentes corrientes filosóficas de la época y como estas se relacionan con la arquitectura, la sociedad y por ende la forma en la que vivimos. Para continuar con la temática de la arquitectura y la comida se me ocurrieron dos preguntas sobre dos posturas filosóficas diferentes y como se pueden relacionar con nuestras cocinas actuales.

¿Qué es una cocina positivista y qué la diferencia de una cocina existencialista? ¿Cómo influyen estas corrientes filosóficas en el diseño y la funcionalidad de este espacio tan importante en el hogar?

Realmente se me escapa entender si es acertado el término de cocina positivista o cocina existencialista. Pero no me quedan dudas que nombrarlas así sirve como referencia para entender el concepto detrás de cada conexión entre la rama filosófica y la cocina. Entiendo que una postura sumamente teórica en el diseño de estos espacios implicaría optar por una o por la otra, pero, en la actualidad vivimos en una especie de eclecticismo generalizado donde tomamos piezas de aquí y piezas de allá a nuestra conveniencia con la finalidad de crear espacios que realmente sean óptimos para la forma particular en la que cada usuario se relaciona con la cocina.

La cocina positivista

El positivismo como corriente filosófica se basa en el método científico y la observación empírica para conocer la realidad. Se rechazan las especulaciones metafísicas y las creencias religiosas. Busca establecer leyes universales y objetivas que expliquen los fenómenos naturales y sociales. El positivismo se aplica también al ámbito de la arquitectura, donde se busca crear espacios funcionales, racionales y eficientes, que se adapten a las necesidades y demandas de los usuarios. Una cocina positivista sería aquella que prioriza la practicidad, la comodidad e higiene, y, que utilice materiales resistentes, duraderos y fáciles de limpiar. El recinto estaría equipado con electrodomésticos modernos y tecnológicos, que faciliten la confección de alimentos y optimice el consumo de energía. Una cocina positivista tendría una distribución ordenada y lógica, que aproveche al máximo el espacio disponible y evite los obstáculos y los accidentes.

La cocina Frankfurt

La cocina positivista es aquella que se basa en la ciencia, la razón y el progreso. Es una cocina que se adapta a las necesidades y demandas de la sociedad moderna, que valora la rapidez, la comodidad y la practicidad.

Margarete Schütte-Lihotzky (Austria, 1897-2000) parce haber tomado estas premisas y, junto con las necesidades específicas de la época (posguerra, etc.), desarrolla la famosa “Cocina Frankfurt” a la que tuve el placer de visitar una recreación en un viaje a NY (en el MoMA si no mal recuerdo).

La cocina Frankfurt se caracteriza por su disposición racional y funcional de los elementos de la cocina. Permite a los usuarios trabajar de manera eficiente en un espacio limitado. La cocina incluye un fregadero, una estufa, un horno, una despensa y estantes de almacenamiento, todos ellos dispuestos en una línea recta para facilitar el acceso. También cuenta con una tabla de cortar plegable y una rejilla para platos que se puede deslizar sobre el fregadero para ahorrar espacio.

El diseño de la cocina Frankfurt fue influido por la preocupación de Schütte-Lihotzky por la higiene y la salud pública. La disposición racional de los elementos de la cocina facilita la limpieza y la higiene, lo que la convierte en una opción popular para viviendas y apartamentos en todo el mundo.

Por su enfoque en la eficiencia y la higiene la Cocina Frankfurt ha influido fuertemente en la forma diseñamos y concebimos a la cocina en la actualidad. La cocina diseñada y desarrollada por la austríaca se convirtió en un ícono del diseño y pasó a la historia como un modelo de cocina de referencia para las cocinas modernas y contemporáneas de todo el mundo.

La cocina existencialista

El existencialismo es una corriente filosófica que se centra en el individuo y su libertad de elección. Esta rama filosófica afirma que el ser humano no tiene una esencia predeterminada ni un destino fijo, sino que se define por sus actos y sus decisiones. Se cuestiona los valores establecidos por la sociedad y la moral tradicional, y busca crear un sentido propio de la vida.

El existencialismo se aplica también al ámbito de la arquitectura, donde se busca crear espacios singulares, expresivos y creativos, que reflejen la personalidad y el estilo de vida de los usuarios. Una cocina existencialista sería aquella que prioriza la estética, el gusto y la originalidad, y que utiliza materiales nobles, naturales y artesanales. Ésta estaría equipada con objetos decorativos, artísticos y culturales, que aporten calidez y carácter al ambiente. La cocina existencialista tendría una distribución flexible y dinámica, que permita cambiar el mobiliario y los accesorios según las preferencias o las circunstancias de cada momento.

La cocina de Heidegger y Elfriede Petri

Esta habitación existencialista es aquella que se basa en la experiencia, la libertad y el sentido. Es una cocina que busca la expresión, la creatividad y la autenticidad. Es una cocina que se adapta a las preferencias y emociones de cada individuo, que valora la diversidad, la originalidad y la calidad. Un ejemplo de cocina existencialista sería de Heidegger y Petri en su cabaña (1922) ubicada en la Selva Negra de Alemania. La cocina de Heidegger era una cocina sencilla, rústica y acogedora. Era una cocina que se separaba del resto de la casa, creando un espacio íntimo y reflexivo. Era una cocina que pretendía conectar al hombre con la naturaleza y con su propia esencia.

La cabaña de Heidegger, ubicada en la Selva Negra de Alemania, fue un lugar clave para el filósofo Martin Heidegger en su búsqueda de introspección y la reflexión. La cocina de la cabaña de Heidegger era un lugar central para él, y era donde pasaba gran parte de su tiempo. Era un espacio para cocinar, comer y pensar, y se convirtió en un lugar donde Heidegger desarrolló sus ideas sobre la temporalidad y la autenticidad. Él recinto estaba equipada con una estufa de leña y una mesa de comedor, lo que le permitía cocinar su propia comida y reflexionar sobre los conceptos más importantes de su filosofía.

Sharr sugiere que la cocina de la cabaña de Heidegger es una manifestación de la idea de «habitar» de Heidegger. Para Heidegger, habitar no solo implica vivir en un espacio físico, sino también habitar el mundo en un sentido más profundo. La cocina, por lo tanto, no era solo un lugar donde se preparaba la comida, sino también un lugar donde Heidegger habitaba el mundo y reflexionaba sobre su filosofía.

Este espacio también reflejaba su interés en la cultura y la tradición alemana. La estufa de leña y los utensilios de cocina tradicionales eran un recordatorio de la cultura y las costumbres de su país.

En este aspecto, la cocina para Heidegger era un espacio importante para él y su filosofía. Era un lugar donde podía reflexionar sobre la temporalidad, la autenticidad y la idea de habitar el mundo. También reflejaba su interés en la cultura y la tradición alemana. La cocina de la cabaña de Heidegger es un ejemplo de cómo un espacio puede influir en la filosofía y la forma de pensar de una persona.

¿Y en la actualidad?

En la actualidad existe una relación casi instantánea con la información y esto permite se mezclen diferentes ramas de pensamiento permitiendo con mayor facilidad que se genere una especie de pensamiento ecléctico y, a veces colectivo cuando se hacen virales estilos. Este pensamiento ecléctico enriquece nuestras posturas filosóficas respecto al espacio y nos abre las puertas a buscar diferentes soluciones a los desafíos que se manifiestan en la arquitectura contemporánea. En este caso en arquitectura de interiores.

Como hemos visto, una cocina positivista y una cocina existencialista representan dos formas distintas de entender y vivir este espacio que nos es tan importante. Ambas tienen sus ventajas e inconvenientes, sus pros y sus contras. Lo ideal, sería encontrar un equilibrio entre ambas posturas combinando lo funcional con lo estético, lo racional con lo emocional, lo universal con lo personal. Al fin y al cabo, lo más importante es que nuestra cocina sea un lugar donde nos sintamos cómodos, felices y realizados.

Si bien los enfoques positivista y existencialista del diseño de cocinas pueden parecer incompatibles, en realidad se pueden integrar para crear un espacio funcional y personalizado. Al combinar la eficiencia y la practicidad del enfoque positivista con la creatividad y la autoexpresión del enfoque existencialista, como arquitectos, podemos crear una cocina que satisfaga las necesidades del usuario al mismo tiempo que el espacio refleja su personalidad y estilo.

Surgen más preguntas.

¿Cómo podemos aprender de estas dos cocinas tan diferentes? ¿Qué ventajas e inconvenientes tienen cada una? ¿Cuál de estas cocinas se adapta mejor a nuestro estilo de vida actual? Estas son algunas de las cuestiones que podemos plantearnos como arquitectos, usuarios o consumidores de nuestras cocinas, las de nuestros clientes, o las de nuestros amigos. No hay una respuesta única ni definitiva, sino que depende de nuestros valores, gustos y necesidades. Lo importante es ser conscientes de las limitaciones que tiene cada opción y diseñar con criterio y responsabilidad. La cocina no es solo un lugar donde cocinar y comer, sino también un lugar donde vivir y ser.

Referencias

La buena vida, de Iñaki Ábalos – Editorial GG

La cabaña de Heidegger, de Adam Sharr – Editorial GG

– Imagen: Cocina de Frankfurt

– Imagen: Cocina de Heidegger

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