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Diseño centrado en el ser humano: la perspectiva de Erving Goffman


En esta nota · 7 secciones
  1. Diseñar desde las personas
  2. La vida cotidiana como teatro
  3. Escenario y detrás de escena
  4. La ciudad como escenario
  5. Qué nos llevamos al proyecto
  6. Por qué importa
  7. Para seguir leyendo
Vista aérea de Copenhague: abajo, la estación Nørreport con sus pabellones de techos redondeados y los estacionamientos de bicicletas hundidos en el piso; arriba a la izquierda, Israels Plads.
Estación Nørreport (COBE y Gottlieb Paludan Architects, 2015) y, arriba a la izquierda, Israels Plads (COBE, 2014), en Copenhague

Hay una idea del sociólogo Erving Goffman que sirve mucho para pensar los espacios: la vida cotidiana como una obra de teatro. La propuso en La presentación de la persona en la vida cotidiana (1959), y ayuda a diseñar con las personas en el centro.

Diseñar desde las personas

El diseño centrado en el ser humano parte de algo simple: la arquitectura tiene que responder a las necesidades, los hábitos y las emociones de quienes van a usar y habitar los espacios. Pone a las personas en el centro del proceso y busca entender cómo se relacionan con lo construido. La sociología ayuda mucho en eso, y Goffman da una herramienta muy concreta.

La vida cotidiana como teatro

Para Goffman, la vida social funciona como una obra: cada uno interpreta distintos papeles según la situación y lo que los demás esperan. En el trabajo somos de una manera, con amigos de otra, en una reunión familiar de otra. Los espacios son los escenarios donde pasan esas escenas.

Llamó «manejo de impresiones» a todo lo que hacemos para cuidar la imagen que damos, y «definición de la situación» al acuerdo, muchas veces implícito, sobre qué está pasando y qué se espera de cada uno.

Escenario y detrás de escena

Su distinción más útil para la arquitectura es la de las regiones. En la región anterior, el escenario, actuamos para otros y cuidamos las formas. En la región posterior, el detrás de escena, podemos dejar el papel, descansar, prepararnos o simplemente ser nosotros.

Uno de sus ejemplos es el de un hotel en las islas Shetland, donde vivió un tiempo. En el comedor, los mozos eran amables y atentos; en la cocina se relajaban, se reían y comentaban sobre los huéspedes.

En una casa se ve enseguida. El living y el comedor suelen ser el escenario; el dormitorio, el baño o el lavadero, el detrás de escena. Muchas decisiones de proyecto mueven esa frontera. La cocina integrada, tan pedida hoy, junta el escenario con la trastienda: queda linda, pero hay que pensar dónde va el desorden y dónde se puede estar sin que te vean. Escribí sobre otras maneras de pensar la cocina en La cocina positivista vs la cocina existencialista. Lo mismo pasa en una oficina abierta: si no hay un lugar para salir de escena, todo el día es función. Lo conté en Oficinas para personas neurodivergentes.

La ciudad como escenario

Una calle peatonal con bancos largos de madera: algunas personas sentadas conversan o miran pasar a la gente, otras caminan.

En el espacio público pasa algo parecido. Un banco, una plaza o una estación son escenarios donde miramos y nos miran. Lo bueno es que dejen elegir: estar a la vista o al costado, sumarse o solo mirar.

En Copenhague, la estación Nørreport, rediseñada por COBE y Gottlieb Paludan Architects, ordena el paso de una de las estaciones con más movimiento del país con pabellones bajos y lugares para unas 2.500 bicicletas, hundidos unos 40 centímetros en el piso. La plaza queda libre para circular y encontrarse. Sobre otro espacio público de esa ciudad escribí en Superkilen.

Qué nos llevamos al proyecto

  • Observar antes de diseñar: ver cómo se usan los espacios, preguntar, hacer entrevistas o talleres con quienes los van a habitar.
  • Pensar el escenario y el detrás de escena: que cada casa, oficina o edificio tenga lugares para mostrarse y lugares para retirarse.
  • Dejar margen: espacios que se puedan adaptar y hacer propios, porque los papeles cambian con el tiempo.
  • Diseñar para la diversidad: edades, capacidades, culturas y necesidades distintas, para que nadie quede fuera de escena.

Por qué importa

Diseñar desde las personas es responder a cómo viven, en lugar de imponer soluciones de catálogo. Goffman no era arquitecto, pero nos deja una pregunta muy útil para cualquier proyecto: ¿dónde va a poder cada uno actuar, y dónde va a poder descansar de actuar?


Para seguir leyendo

El arte de habitar lo que somos

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